Postdoctorales en España, ¿alguien los ha visto?

Las Universidades españolas han sido y son famosas por la inmensa población estudiantil que contienen. Tras obtener su título, estos elegirán diferentes caminos  (algunos obviamente nunca relacionados con sus estudios de origen), siendo en según que ramas, una proporción considerablemente alta los que optan por iniciar  la carrera investigadora. Hasta aquí todo suena normal. El problema viene cuando observamos el perfil y el número de estas personas en los departamentos de nuestras Universidades.

-Alumnos de Máster: Muy numerosos, normalmente y en la actualidad una oferta muy demandada (a pesar de su coste). Dado que la obtención de un puesto de trabajo en España es muy improbable, continuar con los estudios antes de no tener nada es una opción clara (actitud totalmente comprensible, aunque generadora de  desajustes como comento a continuación).

Lógicamente, las especializaciones de máster están en estrecha relación con la iniciación a la carrera investigadora. Este este inicio es una pieza muy sensible, y en la que la gran carga de alumnos que cursan estos estudios hacen que las personas vocacionalmente mas predispuestas para la ciencia queden muy enmascarados por aquellos que alcanzan esta etapa por pura inercia.

-Becarios/contratados Predoctorales. Incluso más que durante la iniciación como alumno de máster, esta etapa es clave, siendo entonces cuando  podemos averiguar  si nuestro  futuro está ligado con la ciencia o no. Muchas personas se convierten de hecho en piedras angulares de un laboratorio durante esta etapa, culminando todo este proceso con la finalización de la tesis doctoral. Pero sucede en muchos casos, que la ineficacia de nuestro sistema de filtro y captación de jóvenes valores, convierte muchísimos lugares de trabajo en un mosaico de personas, muchas de las cuales siguen entrando en el sistema por pura inercia, y que enmascaran o entorpecen la valía de otras tantas.

-Alumnos postdoctorales. Donde están?????? Obviamente no son muchos los que trabajan como personal contratado postdoctoral en España. El pensamiento más tradicional nos llevaría a pensar “claro que no están en España, están completando su formación en el extranjero”, esos famosos 2 años que necesitan personas formadas en España para seguir presentes en nuestro sistema investigador. Por mucho tiempo, la oclusión y la obsesión de nuestras Universidades por el producto hecho en casa, y que genera un incesante caciquismo (por cierto, dicho sea de paso,  muchas veces generado por las personas  que entraron  al el flujo del sistema por pura inercia), hace que el número de personal postdoctorales en España sea muy bajo.

Lógicamente muchos de nosotros hemos optado por irnos por varios motivos entre los que se mezclan la motivación personal y  como se gestiona la carrera científica en España, pero detrás se deja un hueco que por lo general no es reemplazado por otro postdoctoral.  Un buen sistema sano y renovado permite el influjo y eflujo de personas a través de él y de manera muy importante,  no tiene en cuenta la proveniencia de estos, lo que incluye un influjo de personas formadas fuera de las fronteras españolas. Desgraciadamente no existe tal intercambio en esta etapa, el mayor intercambio con el extranjero llevado a cabo por nuestras Universidades tanto en número como en cifras, es el que llevan a cabo las becas “Erasmus” (actualmente la Universidad de Granada cuenta con 2158 beneficiarios), programa por todos sabido magnifico si nuestra intención es conocer otro país , pero que en la práctica no genera conocimiento. En mi opinión seria más interesante generar puestos postdoctorales en lugar de obtener  partidas de dinero para el programa Erasmus (no lo incluyo pero otros sistemas son incluso mas sangrantes, como las becas “Seneca” , las cuales y de manera asombrosa llegan a quedar desiertas por falta de demanda). Por tanto, y desgraciadamente, la brecha de muchos laboratorios en la Universidad, se abre inevitablemente entre la figura de becario Predoctoral y otras como pueda ser la de contratado Ramon y Cajal/Juan de la Cierva o Profesor en cualquiera de sus modalidades. A pesar de que pueda criticarse esta opinión, un laboratorio se nutre de investigadores en todas sus etapas, si falta un escalón el resto de escalones lo sufren, y esto es lo que actualmente está pasando. Si echamos mano a las cifras, el número de alumnos de una institución puntera como es el MIT (Massachusetts Institute of Technology) es de aproximadamente 12000, conteniendo 1000 profesores  y 1400 contratados postdoctorales,  lo cual nos da una relacion de 9.28, es decir cada nueve personas que viéramos paseando por un lugar como aquél, una sería un persona contratada postdoctoral. Actualmente esto es impensable en nuestras Universidades. Si aplicáramos la misma  proporción de postdoctorales que existen en las Universidades “top”, significaría que entre los 60160 personas que suman los alumnos y profesores de la Universidad de Granada, por ejemplo, 6680 serian personal postdoctoral!!!!  El declive de la figura postdoctoral es evidente cuando comparamos los ratios de entre 1:1 y  1:2 pre/post doctorales de muchas Universidades como Cambridge, Oxford  o el MIT y la relación  en nuestros laboratorios en donde puede llegar a  5:1 o10:1 , si es que encontramos personal postdoctoral entre ellos. La figura postdoctoral en España muchas veces se asocia a personas que continúan su carrera  en el mismo laboratorio tras su tesis doctoral. Esto puede ser bueno por una parte, ya que dicho personal tiene perfecto conocimiento del laboratorio en cuestión pero por otra parte reduce las posibilidades de reciclaje y regeneración tanto teórica como practica que periódicamente un grupo de investigación necesita. Por tanto y en mi opinión el dinamismo que ofrecen otras Universidades en su personal postdoctoral se ve muy limitado en las nuestras. Si alguien se va, otro tiene que suplirlo.  Si no hay aire fresco en un laboratorio, algo como las “reuniones de grupo” o las propias discusiones internas que un tema de investigación puede generar en un grupo se generarán en un bucle de personas y opiniones muy estático, que generará menos “ciencia” que si permitiéramos  un constante influjo de postdoctorales provenientes de todos los lugares. El hecho de que la vida postdoctoral en España está en “coma profundo”, conlleva una mayor carga y presión para los directores de grupo (que compartan la docencia con la investigación claro, el resto merecen otro editorial…) que no solo han de llevar grandes cargas docentes y administrativas, si no que además han de dedicar muchísimo mas tiempo en un laboratorio o si no, dejan vagando a la deriva a los predoctorales que en muchos casos se frustran cuando no tienen un supervisor que dedique parte de su tiempo “a ras de suelo”.

Los planes ofrecidos para el personal postdoctoral en nuestras Universidades son escasos, haciendo de estas un sitio poco atractivo. En la Universidad de Cambridge por ejemplo, existe una página web y una sección de dicha Universidad dedicada plenamente a los postdoctorales, tanto en cuestión de alojamiento, asesoramiento y numerosas otras cuestiones, porque tengo la sensación de que sienten que invertir en ellos es sinónimo de éxito.

Con todas estas reflexiones, no estoy queriendo decir que no tener postdoctorales en un laboratorio impida el devenir de un grupo de investigación, pero sí, que sin dicho eslabón, éste avanzará más lentamente. La carta ganadora debe ser la combinación  de personal con experiencia en el grupo con las personas que se inician en la carrera investigadora.

Ni que decir tiene que es muy difícil que cualquier postdoctoral extranjero opte por una Universidad Española como destino cuando se trata de becas de tipo competitivo (la mala situación de éstas en los rankings internacionales, impiden obtener una puntuación decente como para plantearse conseguir una beca del estilo de las “Marie Curie”). Pero lo que sí se puede hacer es movilizar otras partidas monetarias en educación hacia la generación de más puestos y figuras postdoctorales (sin que esto influya susceptiblemente la oferta de becarios predoctorales) y que los investigadores principales consideren la opción de contratar Postdoctorales a la hora de distribuir sus presupuestos en los proyectos competitivos que ejecutan tanto a través  del Plan Nacional o de cualquier Comunidad. La generación de más plazas postdoctorales en el sistema,  con total seguridad, incrementaría la productividad de este, sobre todo si hablamos tanto de nuevo personal que no haya estado antes en el centro de destino como tanto para la reincorporación de otros tantos que estuvo realizando estancias postdoctorales en el extranjero y deseen regresar y aplicar el conocimiento generado, en nuestro país, no teniendo que depender íntegramente de convocatorias como las Ramón y Cajal o Juan de la Cierva, en las  que muchos investigadores de alta valía no llegan a conseguir, debido  en parte, al bajo número de puestos ofrecidos. LOS POSTDOCTORALES EXISTEN SOLO HAY QUE SALIR A BUSCARLOS.

LUIS MIGUEL DE PABLOS

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