En estos días inciertos en que investigar es un arte

“En estos días inciertos en que vivir es un arte…”. Así comienza una canción del grupo musical Celtas Cortos con la que denuncian, entre otras cosas, un tipo de “censura silenciosa” que se produce en determinados ámbitos de la sociedad. Es posible que en estas líneas plasme lo que pudiera pensar una “mayoría silenciosa” (cada cual la suya), sin la intención de acaparar ideas ni pensamientos. Una de la preguntas que últimamente rondan mi cabeza es, ¿y ahora qué? Las noticias que empezamos a recibir denuncian por un lado el nuevo comienzo del repunte de los mercados, gracias a la remodelación del mercado financiero y a la inyección de dinero en las cajas de ahorro y/o bancos. Por otro lado que el dinero entra raudo y veloz por las fronteras, con la intención de afianzar nuevamente la confianza en los mercados y en las calles. Las calles, ésas que en épocas festivas se llenan de personas que van y vienen, suben y bajan y que para muchos de ellos “la vida sigue igual” o peor.

Por lo que se refiere a la enseñanza superior en España, se habla de una remodelación de la enseñanza universitaria. Los gobiernos regionales españoles han comenzado a autorizar la reordenación de los grados, másteres y doctorados universitarios alegando diferentes motivos, como por ejemplo la inviabilidad económica de algunas enseñanzas con muy pocos estudiantes de nuevo ingreso (menos de 10). Las universidades se vuelven locas para no perder ni siquiera a esos alumnos por titulación y juntan a 2 ó 3 grados o másteres en uno solo para que estadísticamente a los Gobiernos regionales le sean viables y así no se vayan a otras universidades. Al mismo tiempo existe, aún hoy, el programa de Acreditación nacional para el acceso a los cuerpos docentes universitarios  que evalúa el perfil de los solicitantes para el acceso a los cuerpos docentes universitarios como son Profesores Ayudantes Doctores, Contratados Doctores, Titulares y Catedráticos de Universidad. Se comenta, además, que este programa se integrará dentro de otros y que la evaluación de los solicitantes ya no será la misma. Antes era objetiva, decían. ¿Ya no? Si a esto le unimos la cantidad de jóvenes investigadores que se van al extranjero y que no pueden regresar por no tener un puesto de trabajo digno, uno no sabe si hablar o callar. España se llena de manifestaciones por las calles pero ninguna tiene efecto alguno. Según algunos, si se calla no hace nada y, según otros, saliendo a la calle nos toman el pelo no resultando efectivo. ¿Qué hacemos? ¿A dónde vamos? Al extranjero de visita no, ¿verdad?

Las perspectivas en inversión para I+D+i vuelven a ser descorazonadoras, nefastas. Hay ya muchos grupos de investigación sin financiación y muchos buenos investigadores que se quedan en el camino. Quien diga que estos estaban haciendo cosas mal, en la mayoría de los casos se habla sin conocimiento de causa. Ya pertenezcan a grupos potentes, pequeños o grandes, los investigadores hacen lo que pueden. Tal vez habría que pensar en traer otros modelos de universidades extranjeras en donde prima la subvención de empresas privadas y no la del Gobierno. Sería una buena solución pero para que fuera factible deberíamos empezar a cambiar nuestra mentalidad y confiar mucho más en nosotros mismos. Aún queda mucho para eso, si es que quisiéramos.

Rodrigo Morchón García, Profesor Ayudante Doctor, Universidad de Salamanca.

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