Los parasitólogos estamos de enhorabuena

Hace un par de días supimos que el premio Nobel de Medicina 2015 era otorgado a tres investigadores que han desarrollado toda su carrera profesional en luchar contra enfermedades parasitarias. Este año (al igual que otras veces), el premio es compartido entre varias personas. Por un lado están William C. Campbell y Satoshi Omura por su trabajo en el descubrimiento de la ivermectina para el tratamiento de parásitos nematodos, y por otro la científica china Youyou Tu por descubrir la artemisina como tratamiento antimalárico.Nobel

Satoshi Omura trabajaba en el Instituto Kitasato en Japón cuando aisló un grupo de bacterias del género Streptomyces que presentaban una potente actividad antimicrobiana. En 1974, envió uno de estos organismos (Streptomyces avermitilis), obtenido cerca de un campo de golf en Japón al Dr. Campbell, quien entonces lideraba un grupo de trabajo en Merck (USA). El equipo de Campbell se encargó de aislar el principio activo de este organismo, al que llamaron avermectina. El hongo resultó que sintetizaba más de un compuesto activo (un total de 8), todos lactonas macrocíclicas (y todos con actividad antiparasitaria), y después de varias estudios, llegaron a descubrir la capacidad antiparasitaria de la ivermectina (mezcla 80:20 de avermectina B1a y B1b) en 1978. Todos estos estudios se realizaron en ratones infectados con un nematodo llamado Nematospiroides dubius, actualmente llamado Heligmosomoides polygyrus, el cual es ampliamente utilizado como modelo de nematodo tanto en parasitología como en estudios inmunológicos del aparato gastrointestinal.

Aunque el premio se ha otorgado por el efecto que tuvo el descubrimiento de la ivermectina en el tratamiento de la oncocercosis y la elefantiasis, producidas por diferentes especies de filarias, actualmente el fármaco se emplea contra otras nematodos de humanos y animales como Strongyloides spp., Dirofilaria spp., uncinarias, etc., e incluso contra atrópodos como la sarna (Sarcoptes scabiei), o los piojos (Pediculus humanus capitis). El mecanismo de acción no se conoce realmente, pero se cree que afecta a los canales de cloro de las células inhibiendo los receptores GABA, receptores específicos de invertebrados.

En el caso de la malaria, el tratamiento de elección hasta la década de los 1970 era la quinina y la cloroquina. En 1967 el Ejército de Liberación popular, bajo el paraguas del gobierno chino empezó un programa para erradicar la malaria en su país y sobretodo para ayudar al ejército de Vietnam del Norte (por supuesto, estamos en medio de la Guerra de Vietnam). Youyou Tu y su grupo comenzaron a analizar más de 2000 compuestos, todos ellos procedentes de la medicina tradicional china, en la búsqueda de actividad antimalárica. Uno de estos compuestos, un extracto de la planta Artemisia annua, era especialmente efectivo, y así, en 1972 el equipo aisló el principio activo, una lactona sesquiterpénica, al que llamaron artemisina. Lo curioso del hallazgo es que no fue publicado hasta 1979 ya que el gobierno chino restringió el acceso a la droga hasta su reforma económica a finales de los 1970s. Actualmente la OMS recomienda el tratamiento de la malaria con combinaciones de artemisina y otras drogas para evitar la aparición de resistencias.

El trabajo de Tu, Campbell y Omura tiene que ser un referente para todos los que nos dedicamos a la parasitología. Otros eminentes científicos han recibido un Premio Nobel por sus trabajos en parasitología, como Charles Louis Alphonse Laveran (por su descubriiento de los protozoos como agentes causales de la malaria o de la tripanosomiasis) o Sir Ronald Ross (por su descubrimiento de que la malaria es transmitida por mosquitos), este último con gran polémica; pero en el caso de este año se premia por primera vez el descubrimiento de tratamientos antiparasitarios y de enfermedades olvidadas. ¿Será este el punto de inflexión que ayudará a visibilizar más la investigación en parasitología?

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