Esta chamaca no se me va a morir de chagas

Las asociaciones de pacientes de la enfermedad olvidada, que mata a 7.000 personas al año, se reúnen en México para buscar visibilidad y solucione. Enlace

Noticia desarrollada por Elena Baz Badillo. Estudiante de 4º en el Grado de Biología de la Universidad de Salamanca.

 La tripanosomiasis americana o enfermedad de Chagas está causada por el protozoo Trypanosoma cruzi y se contagia por la picadura de las chinches de la familia Reduviidae. Existen múltiples especies capaces de transmitir esta enfermedad. Asimismo, se han descrito contagios producidos por trasfusiones de sangre, trasplantes y por vía placentaria, aunque la transmisión vectorial sigue siendo la más importante. Se trata de un parásito intracelular, lo que hace mucho más difícil acabar con sus infecciones, y que es capaz de invadir múltiples tipos celulares, incluyendo las células del sistema nervioso.

En este artículo, se relata la historia de una joven contagiada de Chagas a quien diagnosticaron y trataron adecuadamente, aunque no sin antes haber tenido que visitar a distintos especialistas. Al tomar conciencia de la enfermedad, ella y su madre crearon la Asociación Mexicana de Personas Afectadas por Chagas, con la idea de ayudar a otras personas contagiadas y poder darles pautas sobre el diagnóstico y el tratamiento. Esta y otras asociaciones reclaman el fin de la estigmatización de la enfermedad, en cuanto a la relación que se establece entre la infección y la pobreza. Sin embargo, esta asociación no ha nacido de la nada: las chinches transmisoras encuentran un lugar idóneo para vivir en aquellas viviendas construidas con adobe o con ramaje. Por lo tanto, un abogado de alto prestigio no se contagiará al ir a trabajar a su despacho.

Estas asociaciones reclaman atención sobre la enfermedad, mejora en los diagnósticos y en los tratamientos y, sin embargo, parece que todo el mundo olvida el verdadero problema. Las nuevas formas de contagio de la enfermedad parecen haber despertado cierta preocupación en aquellos que sí tienen los medios para actuar, aunque sea a mediana escala. La presión desde las organizaciones más pequeñas hacia la OMS, OPS y otras organizaciones internacionales es necesaria y absolutamente legítima; sin embargo, el enfoque que se pretende dar a la lucha no es, a largo plazo, el más efectivo. Idalia Isabel, la protagonista de la historia melodramática del artículo, es actualmente abogada, a pesar de haber recibido un diagnóstico poco esperanzador de Chagas a los 18 años, es decir, que se nos presenta la historia de una persona que ha tenido la capacidad de acceder a estudios superiores. Y de pedir una segunda opinión médica. Y de acceder al tratamiento.

Actualmente, existen dos tratamientos para la enfermedad de Chagas: Nifurtimox y Benznidazol. Ambos tienen graves efectos secundarios y el precio de ambos no resulta asequible para la mayoría de las personas que sufren esta patología. Además, la tasa de eficacia del Nifurtimox es bastante reducida (no llega al 60%). Dados estos datos, el control y la prevención cobran una especial importancia. Es decir que, en realidad, a pesar de la buena labor que pretenden estas instituciones, existen dos problemas cruciales: la gran tasa de pobreza en Latinoamérica y la falta de recursos médicos adecuados, así como del acceso a los mismos. Si la mayoría de las personas contagiadas no tuviesen que vivir en casas de adobe y si tuviesen la opción de acudir a un médico a tiempo, la enfermedad de Chagas se reduciría notablemente.

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